29 de junio de 2026 · carenas.net
Curanderismo y supersticiones en la Comarca de Calatayud
Saludadores, remedios caseros, la Matacieja y el espanto: el universo mágico-religioso de los pueblos de la Comunidad de Calatayud.
Antes de que llegara el médico —y a veces mucho después—, los pueblos de la Comunidad de Calatayud tenían sus propios remedios. No los recetaba un profesional titulado, sino una vecina mayor, un curandero local o, en los casos más extremos, un saludador: alguien que tenía el don de curar con la imposición de manos, el rezo o el contacto directo con el enfermo.
El libro Cultura Popular de la Comunidad de Calatayud recoge en sus páginas 527 a 540 un inventario de prácticas que pervivieron hasta bien entrado el siglo XX.
Los saludadores: los curanderos con poder
El saludador era la figura más respetada y temida. Podía curar la rabia, el mal de ojo, las paperas, las erisipelas y ciertas fiebres con gestos y oraciones. Trataban la hidrofobia mordiendo al enfermo en la frente y las paperas pasando tres veces una culebra viva por el cuello del paciente. Prácticas brutales, pero en una época sin suero antirrábico ni antibióticos, eran la única alternativa.
Remedios caseros
| Dolencia | Remedios |
|---|---|
| Dolor de muelas | Clavo de olivo; rezo a Santa Apolonia |
| Fiebre | Paños de vinagre; sahumerios de romero |
| Heridas | Telarañas aplicadas sobre la herida |
| Mal de ojo | El saludador rezaba y soplaba |
| Quemaduras | Pasta de harina y aceite |
| Verrugas | Frotar con gajo de ciruelo en luna menguante |
La Matacieja
La Matacieja era un ritual de protección contra la muerte infantil: al nacer un niño, se colocaban objetos protectores en la cuna —cruces de palma, un puñal de plata— y se rezaba para que la muerte no se llevara al recién nacido. En algunos pueblos los padres no nombraban al niño hasta pasados los primeros días por miedo a que la muerte lo reconociera.
El espanto y el espantabrujas
Se creía que ciertos niños podían espantarse: una caída o un susto les provocaba una enfermedad que solo el curandero podía curar. El espantabrujas era un ritual nocturno: los vecinos recorrían las calles haciendo ruido con cencerros y sartenes para espantar a las brujas.
Saludadores contra tormentas
En una comarca de secano donde una granizada podía arruinar la cosecha, el miedo a las tormentas era existencial. Los saludadores más prestigiosos eran los que podían desviar tormentas con rezos y gestos. En algunos pueblos se conservaban piedras sagradas clavadas en los campos para proteger la cosecha.
Fuentes: Cultura Popular de la Comunidad de Calatayud, Tomo II (2006). Centro de Estudios Bilbilitanos. Capítulo: Curanderismo y supersticiones, pp. 527-540.