27 de junio de 2026 · carenas.net
Carenas en la Edad Media: del castillo musulmán al señorío del Monasterio de Piedra
Descubre los orígenes medievales de Carenas: la primera mención en 1124, la venta al Monasterio de Piedra por 650 sueldos jaqueses, la familia Abenalhabit y la carta puebla de 1258 que fundó el pueblo actual.
"Vendimus tibi, Gaufrido, abbati de Petra, pro DCL solidis jaquensis monete... illam haereditatem quam dedit nobis Andreas Abenfabit, in termino de Calatajub, inter Somed et Carrenas."
650 sueldos jaqueses. Ese fue el precio. El 25 de marzo de 1199, los monjes cistercienses del Monasterio de Piedra entregaron esa cantidad al Monasterio de Jau para adquirir Carenas. El documento, conservado en el Archivo Histórico Nacional, convierte una aldea fortificada del valle del Piedra en propiedad de una de las abadías más influyentes del Aragón medieval. Y con esa venta empieza la historia documentada de Carenas tal como la conocemos.
Pero el dinero es lo de menos. Lo fascinante es quién estaba detrás.
La familia Abenalhabit: de musulmanes conversos a monjes cistercienses
La primera mención de Carenas aparece en 1124, apenas cuatro años después de que Alfonso I el Batallador conquistara Calatayud. Un asentamiento disperso con una torre defensiva dominando el valle, a medio camino —unas tres horas a pie— entre Calatayud y lo que luego sería el Monasterio de Piedra.
El nombre que cambió el destino de Carenas fue el de Andrés Abd al-Habib —también escrito como Abenalhabit, Abenfabit o Alfabit—, un caballero que poseía Carenas en pleno dominio. Su apellido delata un origen musulmán, pero la familia era cristiana: de otro modo no habrían podido profesar sus hijos en monasterios cistercienses. Eran, con toda probabilidad, mozárabes o muladíes conversos que permanecieron en el territorio tras la conquista cristiana de 1120.
Andrés y su esposa María tuvieron cuatro hijos: Juan, Pedro, Domingo y Eulalia. Y fue Domingo quien lo cambió todo.
En 1171, Domingo Abd al-Habib profesó como monje en el Monasterio cisterciense de Jau —predecesor del de Rueda de Ebro—. Sus padres, al ingresar su hijo en la orden, se comprometieron ante el abad Guillermo a que Domingo no reclamase a sus hermanos la herencia familiar. A cambio, los monjes recibieron la torre de Carenas con la obligación de celebrar misas por las almas de Andrés y María.
Veintiocho años después, en 1199, Domingo quiso trasladarse al recién fundado Monasterio de Piedra. Las autoridades cistercienses lo autorizaron, pero pusieron un precio: 650 sueldos jaqueses que los monjes de Piedra pagaron a los de Jau. Con ese pago, Carenas —con su torre, sus tierras y sus escasos pobladores— quedó vinculada al Monasterio de Piedra durante los siguientes 636 años, hasta la desamortización de 1836.
Una torre que era castillo y una aldea que aún no era pueblo
¿Qué era Carenas en 1199? Los documentos hablan de una torre —no una casa, no una alquería, sino una torre—. Todo apunta a que se trataba de una estructura defensiva, probablemente de origen musulmán, situada en el mismo cerro donde hoy se levanta la iglesia parroquial de Santa María.
Entre 1199 y 1257, los cistercienses explotaron Carenas como una granja monástica: hermanos legos conversos trabajaban las tierras bajo la dirección de Piedra. Pero el lugar tenía potencial para más. En 1195, los reyes habían concedido a los cistercienses facultades para fundar poblaciones. Y Piedra decidió usarlas.
El 12 de abril de 1257, el abad Juan de Piedra solicitó a Jaime I el Conquistador la facultad real para poblar Carenas. El rey la concedió.
El 17 de junio de 1258, Piedra promulgó la primera carta puebla —la seguirían otras dos en 1260 y 1346—. El documento fundacional establecía las condiciones para los primeros 30 pobladores, a los que las fuentes llaman los catalanes, probablemente repobladores traídos del noreste peninsular.
La carta puebla de 1258: el contrato que fundó Carenas
El documento es un tratado minucioso de obligaciones mutuas. Los monjes se comprometían a:
"Haremos iglesia donde sea conveniente para vosotros y vuestras familias y la proveeremos competentemente de todas las cosas necesarias, perpetuamente."
No era una promesa vaga. El monasterio se obligaba a construir y mantener iglesia, huerto, horno y molino. El nuevo pueblo se trazó con plano rectangular romano: un cardo y un decumano que dibujaban el manso y se cerraban con muralla. La iglesia se orientó al equinoccio de primavera para que el sol naciente iluminase el altar y el sagrario.
A cambio, los pobladores pagaban impuestos muy concretos:
| Impuesto | Cantidad |
|---|---|
| Parte de la cosecha | Proporcional al rendimiento |
| Corderos y cabritos | Por cabeza de ganado |
| Diezmo | Sobre el rendimiento total restante |
| Bestias de carga | Medio real por mulo o potro |
| Pecha dominical anual | 300 sueldos jaqueses (150 por San Miguel, 150 por Pascua de Resurrección) |
Las condiciones para el cultivo de la vid recibieron atención especial: el vino ha sido, desde el origen, uno de los motores económicos del pueblo.
Cinco siglos bajo el hábito blanco
Desde 1199 hasta 1836, Carenas fue señorío del Monasterio de Piedra. El abad nombraba vicario, cobraba diezmos, ejercía justicia —el mero y mixto imperio— y gestionaba la vida económica del pueblo.
En 1382, el Libro Chantre de Tortosa registra lacónicamente:
"La iglesia de Carenas es de los monjes de Piedra. Pagan los dichos monjes al señor obispo XX sueldos cada año por la fiesta de Navidad."
La relación no siempre fue pacífica. En 1484, un pleito entre el abad de Piedra y el vicario de Carenas obligó a recurrir al arbitraje. El crecimiento demográfico exigía más de un clérigo, y las dos partes se disputaban las primicias de pan, vino y aceite. La sentencia arbitral del 14 de abril de 1484 estableció que hubiera dos beneficiados y que compartieran a medias las primicias, los derechos episcopales y hasta la cera que se gastase en el culto.
Lo que queda: dos testigos de piedra y madera
Las ruinas de la ermita de San Sebastián
A las afueras del casco urbano, los restos de la ermita de San Sebastián se alzan como el único vestigio arquitectónico medieval visitable. Sin techo, expoliada durante décadas y en avanzado estado de deterioro, sus muros de piedra aún permiten leer la planta original. Es, junto con la propia iglesia, el testimonio material más antiguo del Carenas medieval.
La talla de Santa Ana Triple (Poupée de Malinas)
En el interior de la iglesia parroquial de Santa María se conserva una pequeña escultura que representa a Santa Ana con la Virgen y el Niño. Tallada en Malinas (Flandes) hacia 1470, es una Poupée de Malinas, una de esas delicadas figuras de madera policromada que los talleres flamencos exportaban a toda Europa.
Que una pieza de arte flamenco del siglo XV repose en un pueblo de 200 habitantes en el valle del Piedra no es casualidad: es la prueba material de que Carenas, bajo el señorío de un monasterio cisterciense con conexiones internacionales, estuvo conectado a las rutas comerciales y artísticas de la Europa bajomedieval.
Para seguir leyendo
La historia medieval de Carenas no termina aquí. La iglesia de Santa María —construida entre 1258 y 1281, ampliada en estilo mudéjar en 1548, dañada por el terremoto de Lisboa de 1755 y mutilada con la demolición de su torre en 1930— merece artículo propio.
Fuentes: González Zymla, H. & Rodríguez Rivero, H. (2014). Carenas en la Edad Media y su relación con el Monasterio de Piedra. Universidad Complutense de Madrid. — Melendo Pomareta, J. (2005). Carenas, una historia a la sombra del Císter. IFC-CEB, Zaragoza. — Archivo Histórico Nacional, Sección Clero, Piedra, carpetas 3663-3664.